diciembre 17, 2007

CHAO MAAC CHÉVERE

Se acaba el contrato entre el MAAC cine y Ocho 1/2 de Quito. Esta institución tenía la concesión de la programación del MAAC desde el año 2003. Quienes gustan del cinearte y películas de culto saben que esta es una gran pérdida, porque surgen dudas respecto a si existe alguna institución que pueda suplir a Ocho 1/2. Los cambios son para mejorar... todos dudamos si mejorará la programación del MAAC cine.. ¿es posible esto?

No me voy a adelantar a los hechos. Dudo mucho que suceda, y cito a Santiago Roldós, quien en su editorial de revista Vistazo escribió que los verdaderos enemigos de Guayaquil son los culpables de que se termine la concesión con Ocho 1/2.

No dejen de ir a la fiesta de cierre que será este jueves 20 de diciembre a las 19:30. Pasarán producciones ecuatorianas dentro del marco del Cine Chiro.

diciembre 07, 2007

¡Que no queden dudas!

Este post va para la comunidad azul y también para los fanáticos del fútbol, para tener memoria histórica y dejar bien claro la diferencia entre ser un mercader del fútbol y un dirigente con visión mercantilista en función del equipo.


Esta es una fotografía capturada en el balneario de Playas, donde se están ejecutando una serie de complejos de vivienda. Este se llama O'Mar, y el promotor es Wanderjahr y quien construye es el Arq. César Mosquera (tal como está rotulado en esa valla).


Lo que me llamó la atención es el texto que está en la parte inferior de la foto, que lo pongo aquí más grande para que lean lo que dice:

"Por la compra de cada departamento se regalarán 3 palcos en el Estadio Capwell y 5 por cada penthouse"

Bueno, a decir del nombre del completo (O'mar) y del tema de los palcos del Capwell, no es difícil imaginar que Quintana está detrás de esto, quien posee nada más y nada menos que 80 palcos en la localidad de Pío Montúfar, esa franjda del estadio que no se llena ni en clásicos ni en partidos de Copa Libertadores.

¿Nos queda claro la relevancia mercantilista que representa el C.S. Emelec para Quintana? Digo, para esos hinchas que andan vociferando que la Corporación no ha cumplido, que mejor hubiera sido que gane Quintana... bueno, ¡ahí tienen! ¡Eso es Emelec para Quintana! ¡UN VIL NEGOCIO! Y que quede claro, los clubes son empresas, obvio que son negocios, eso nadie lo niega, pero las ganancias que generen deben ir a las arcas del club no a las del dirigente.

Esos palcos deberían ser devueltos al club o al menos vendido en un precio simbólico... ¿eso es amor por el equipo? habrá que preguntarle a Don Omar.

Fotos: Camilo Pareja

diciembre 03, 2007

Tenía que decirlo una extranjera

"¿Su ciudad es maquillada, alcalde Nebot?" ¡qué sueño de pregunta! para cualquier periodista guayaquileño o ecuatoriano, con un mediano criterio de cuestionamiento, lo es. Quien hizo realidad esta utopía fue la argentina Lelia Guerriero, redactora del diario La Nación.

Dejo el link para que lean el reportaje titulado Guayaquil: la regenerada, es algo largo, pero muy bien articulado y fluido. Yo solo extraigo algunos fragmentos, que rescato por su objetividad y crítica. Me gusta la aproximacción sutil, a la vez que cuestionadora, que se hace al tema de la regeneración urbana, desligada de la construcción de ciudadanía, sin caer en críticas apasionadas anti regeneración.


Y claro, el alcalde sí atendió en su despacho a una periodista extranjera, quien se tomó la licencia de hacer preguntas externas al guión de Nebot y los medios lambones:

–¿Por qué tienen puertas con rejas y candados en el cerro Santa Ana?
–Sí, las vamos ampliando cada vez más. Pero las puertas son transitables. Para todo el mundo.
– ¿Para qué las pusieron?
–Para demarcar. Le dimos una forma estética a demarcar. Nunca están cerradas. El turista puede ir al callejón y ver que termina allí, pero no es que el que está al otro lado no puede pasar.

–No, las cierran con candados...
–Con nada.

Los cuestionamientos que hace Guerriero sobre la regeneración en el cerro Santa Ana me recuerdan las conversaciones que he tenido con amigos en un bar del mismo cerro... claro, esas discusiones se quedan ahí, porque a los editores de los medios locales no les gusta tocar ese tema, porque, en palabra de ellos, "no propone nada nuevo"... en fin.

De este lado del portón, en cambio –del lado regenerado de las cosas–, la gente no puede tender ropa, ni dejar mascotas sueltas, ni salir con el torso desnudo. Hay ordenanzas que lo reglan: “A fin de conservar la calidad de imagen del área de intervención del Plan de Regeneración del Cerro Santa Ana les está prohibido lo siguiente: Tender ropa en los balcones y ventanas (...). Mantenerse o deambular con vestimentas que atenten al decoro y las buenas costumbres en las áreas públicas (...). Desarrollar cualquier actividad recreativa, artística o cultural en las plazas del sector sin obtener autorización (...)”. Elizabeth no ve la hora de no poder hacer todas esas cosas: de que la regeneren.

Son cosas evidentemente chocantes para cualquier ser humano con nociones de derechos humanos y democracia. Encerrar a todo un barrio tras un candado de 1 a 6 de la mañana tiene tintes nazis, como esos ghetos donde estuvieron los judíos antes de ser enviados a los campos de concentración. Sí, es una exageración, pero eso no quita lo chocante.

Sólo menciono una parte del reportaje, les recomiendo que lo lean todo, es rico en detalles y colores. No digo que sea un candidato al Pullitzer, pero sí es un logro en el sentido de que se ha cuestionado al incuestionable. Las discusiones de comunicadores, escritores, ciudadanos salieron de las aulas de clases o de los bares, para convertirse en un reportaje, totalmente desligado de compromisos políticos (una ventaja de ser medio extranjero) y de aproximaciones viciadas por experiencias particulares.
y así termina:
Lejos del palacio municipal hay una plaza llamada Victoria. De la Regeneración para acá, la plaza ganó una reja. Adentro, entre sus charcos de cemento con palmeras, sus bancos de hormigón y una glorieta, hay poca gente. Más gente hay del otro lado. Allí, en la vereda, deambulan vendedores. El Gato vende masajes: es un hombre de setenta años, con un maletín de cuero en el que ha pegado un cartel que reza: “Se soban toda clase de safaduras. Yo. El Gato”. Cuando la policía viene, El Gato da vuelta el maletín para ocultar las intenciones y entonces parece lo que es: un hombre pobre, encerrado del lado de afuera de una plaza enrejada.